Mi filosofía. Alimentación, vida sana, medio ambiente.

Cada uno de nosotros tiene unos cuantos temas que le interesan y le parecen importantes, estos son los míos. Escribo este artículo para contarte un poquito más sobre mí y sobre mi filosofía personal, espero que te interese, te inspire y que quieras compartir conmigo tus opiniones y tu visión.


Alimentación


Real Food

Mi filosofía alimentaria se podría resumir en un concepto muy simple: comer comida de verdad.


La gran mayoría de los alimentos que como no tienen lista de ingredientes, ya sabes, verduras, frutas, huevos, frutos secos, cereales, legumbres... lo que últimamente se denomina como real food.

Obviamente, no puedo negar la comodidad de comprar algunas cosas ya preparadas, así que cuando compro algún alimento un poco más procesado siempre me aseguro que tenga una lista de ingredientes corta que incluye solo alimentos naturales, que conozco y que yo misma usaría. Nada de conservantes artificiales, colorantes, saborizantes o ingredientes extraños que no pueda pronunciar.


Comer de forma limpia y saludable, para mí, no tiene nada que ver con etiquetas, dietas o modas: se trata de escuchar mi cuerpo y nutrirlo con los alimentos que necesita y que le sientan bien.

Otro punto fundamental para mí es, en la medida de lo posible, evitar los azúcares añadidos.

No hablo sólo del azúcar blanco clásico, sino de los azúcares añadidos, fáciles de encontrar en bollería industrial pero, a menudo, también escondidos en alimentos insospechables: panes, salsas, leches vegetales, zumos de frutas, incluso salmón ahumado, quién lo diría.


El 95% de los alimentos que compro no tienen azúcares añadidos y miro siempre que, si compro algún alimento endulzado, sea con edulcorantes naturales.

Aunque me he acostumbrado rapidamente a no usar azúcar en mi día a día, me gusta tener algún tipo de edulcorante en casa, por si me hace falta. Compro sólo edulcorantes naturales, principalmente con un índice glucémico bajo o nulo, como el azúcar de coco, el xilitol de abedul o la stevia, aunque, de forma más puntual y según la preparación que haga, utilizo también algún otro edulcorante, siempre natural, como pueden ser la miel cruda, el sirope de coco, o el sirope de dátiles, por ejemplo.


Esto no significa que no coma nunca nada dulce, más faltaría. En mi día a día, por ejemplo, suelo querer comer algo dulce por la tarde, así que preparo algo sencillo y sin edulcorar, como puede ser un yogur o pudding de chia, y lo acompaño con la fruta que tengo. Además, yo soy una enamorada de la tarta de manzana, las galletas, el chocolate y nunca podría renunciar a ello. Así que si un día quiero mimarme un poco, preparo algún capricho saludable.




Vida sana


Mens sana in corpore sano

Hace unos años, cuando ya no soportaba más el caos y desorden de mi vida, decidí enfrentarme a mis problemas y preocupaciones, liberarme del estrés y afrontar la vida con una filosofía y una actitud más serenas y positivas. Evidentemente fue un recorrido largo y complicado, que aún no se ha acabado.

Curiosamente, una de las cosas que más me ayudó fue hacer actividad física. Fue unos de los retos más difíciles (aún hoy muchas veces me cuesta) y al mismo tiempo uno de los logros más importantes para mi bienestar físico y emocional.


No solamente el deporte, junto con una alimentación más sana, fue el primer paso real y concreto para cuidarme, sino que me ayudó a estar mejor conmigo misma, quererme más y ser más feliz.


Tener una vida sana no significa sólo estar en buena forma física, sino también estar en un estado mental y emocional sereno y como estos aspectos están estrechamente relacionados, se potencian.

De hecho, hay varios estudios que demuestran que, por lo general, personas más activas y con una buena forma física desarrollan una mayor autoestima y reducen sus niveles de ansiedad, incrementan su nivel de atención y tienen un rendimiento académico mejor.



Medio ambiente


Gotas en el mar

Actualmente, el tema del medio ambiente es más urgente que nunca y, en buena parte, es culpa de la producción masiva de comida; se estima que la industria alimentaria produce casi un tercio de las emisiones mundiales de CO2, y, al mismo tiempo, cada uno de nosotros desperdicia unos 70 kg de comida cada año.

Como cocinera, no solamente lo veo absurdo, sino me ha llevado a desarrollar, cada día un poco más, un sentimiento de responsabilidad hacia esta temática.

Este sentimiento me ayuda a ser más consciente del impacto de mis acciones y me ha hecho adoptar pequeñas costumbres para reducir mi huella de carbono.


Más allá de reciclar y reutilizar todo lo que puedo, el punto clave de mi filosofía es reducir, reducir todo: el consumo energético, el desperdicio de comida y de agua, el uso de plástico y de productos de usar y tirar, el consumo de carne, pescado y productos de origen animal... no producir cosas innecesarias es mucho mejor que reciclarlas.


A este propósito, en general, prefiero consumir alimentos de temporada y de cercanía ya que, al gastar menos combustible para el trasporte, contaminan menos. Además, estos alimentos suelen ser bastante más baratos, ofrecen una mayor variedad de frutas y verduras sobre la mesa, y, al venir de más cerca, llegan más frescos y su sabor es más rico.

Mi manera de tener cuando quiero alimentos fuera de temporada y, al mismo tiempo, reducir el desperdicio de comida, es comprar grandes cantidades de mis alimentos de temporada favoritos y congelárlos.

Tengo que decir que, como enamorada de la cultura japonesa y de probar productos nuevos, a veces compro alimentos que provienen de otros países, pero siempre intento hacerlo de forma puntual.


Además, en general el 90% de mis comidas suelen ser veganas, aún así, en mi afán de reducir el consumo de productos de origen animal, este mes de enero he decidido unirme al movimiento #veganuary. Además, los poquísimos productos de origen animal que consumo, miro que sean de pasto y que vengan de granjas o pesca sostenible. Esto es fundamental, no solo por el bienestar de los animales, sino también para fomentar un tipo de industria distinta, más sostenible.


Si bien soy consciente que estas pequeñas costumbres no van a cambiar el mundo, creo que es una forma de empezar y contribuir un poquito más a cuidar nuestro hogar; así como una gota contribuye en el mar.


Espero sinceramente que este post te haya gustado en inspirado.

Muchísimas gracias por tomarte el tiempo de leer un poquito más sobre mí, ahora, me encantaría saber un poquito más de ti ❤

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